El interés del científico por abstraer y generalizar puede llevar al psicólogo a apartarse de las exigencias, de los problemas prácticos y de la acción social. Al educador no se le permite tal aislamiento pues continuamente está expuesto a las demandas institucionales y sociales para que actué, tome decisiones y las ponga en práctica. A pesar de las anteriores dificultades, nadie duda de la necesidad de establecer una relación entre Psicología y Educación que permita obviar el abismo entre las conclusiones emanadas de las investigaciones y análisis psicológicos y los problemas a que se ve enfrentado diariamente el maestro en el salón de clases.