Mar 20, 2019 / by ASCOFAME / No hay comentarios

Tradicionalmente hablar de salud ha remitido a interpretaciones relacionadas netamente con lo biológico, lo que no ha sido ajeno a la Educación Médica. Los estudios en las ciencias de la vida y la salud han sido cotidianamente interpretados desde una perspectiva biomédica y no vitalcentrista, lo que ha traído como consecuencia muchas de las dinámicas que hoy en día son comunes en la enseñanza y la práctica médica.

 

Pareciera, por momentos, que el ser humano siguiera siendo visto como una serie de partes que componen un rompecabezas y no como un todo que funciona como un sistema interconectado, en el que influyen tanto las condiciones propias de la biología, como su contexto social y cultural.

 

A ese respecto, muchos han debatido la idea de que la medicina y su práctica se han despojado cada vez más de aquella sensibilidad por entender al otro y su realidad, sin concebirlo como un sujeto integral. Para Gustavo Quintero Hernández, decano de la Escuela de Medicina  y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, dicha situación “es una realidad que corresponde bien con la definición de salud cuando esta se basa en lo biológico (biologista), y en donde lo humanístico, lo social, lo cultural e histórico pasa a un segundo plano”.

 

Bajo esta reflexión, valdría la pena redefinir lo que significa la salud y la enfermedad partiendo de la base de que, por ejemplo, la salud no es un estado, pues “no siempre se está sano ni siempre enfermo, sino más bien un proceso por el cual se transita a lo largo de la vida y que ese proceso es social, cultural e histórico sobre lo cual se encuentra lo biológico y lo psicológico”, apunta Quintero. Esa perspectiva permitiría ampliar el horizonte en la práctica médica, considerando diversos aspectos antes de, por ejemplo, realizar un diagnóstico.

 

Pero… ¿cómo desde un componente curricular, la academia podría articular los proyectos de vida de los profesionales de la salud en formación, con una mirada especial desde la ciencia, la ética, la estética y la política en aras a buscar la integralidad de la profesión? De acuerdo con el doctor Quintero, “esa es una de las grandes transformaciones que hay que incentivar. La enseñanza integrada de las ciencias a través de la solución de problemas o casos, porque el paciente no se nos presenta fraccionado sino integral. Somos seres humanos bio-psico-sociales, insertos en un contexto cultural e historico que a veces, muchas veces, determinan nuestra enfermedad. Si así se nos presenta para curar o aliviar; si así lo tenemos para prevenir la enfermedad y promover la salud ¿cómo podríamos enseñar o formar a las nuevas generaciones de médicos las ciencias de una manera desintegrada? Sin duda alguna, el plan formativo debe ser integral porque si uno aprende integrado, practica integrado”

El reto para las escuelas y facultades de medicina en el país y el mundo tendrá que ver con la forma cómo desde el currículo se aborde la formación médica, desde una perspectiva que integre el tradicional enfoque biomédico con ese componente socio-cultural, lo que exige entender al ser humano como un sistema inmerso en una realidad que afecta su ser y su sentir, lo que resume finalmente su estado de bienestar y por ende, su salud.

El debate al respecto de la importancia del humanismo en la práctica, sobre todo en las áreas de la salud, está sobre la mesa, y será uno de los temas que tendrán un rol protagónico en el Congreso Mundial de Educación Médica, en el marco de los 60 años de ASCOFAME, los próximos 24, 25 y 26 de marzo de 2019 en Cartagena.